El dise­ña­dor Ramón Ban­drés crea un espa­cio con­te­ni­do a la par que emo­cio­nal para uno de los refe­ren­tes del arroz en Valen­cia.

 

Tex­to: Ele­na Melén­dez

Des­de su aper­tu­ra en 2029, Lavoe se ha con­so­li­da­do como uno de los gran­des tem­plos de la pae­lla en Espa­ña, pero redu­cir su éxi­to úni­ca­men­te a la coci­na sería que­dar­se en la super­fi­cie. Lavoe es tam­bién un mani­fies­to espa­cial, un ejer­ci­cio de inte­rio­ris­mo hones­to y emo­cio­nal fir­ma­do por Ramón Ban­drés, inte­rio­ris­ta vas­co afin­ca­do en Valen­cia y ami­go per­so­nal del chef Toni Boix. Ban­drés se incor­po­ró al pro­yec­to des­de la com­pli­ci­dad y no des­de el encar­go con­ven­cio­nal. El pre­su­pues­to era ajus­ta­dí­si­mo y el local peque­ño, pero el reto era mayúscu­lo: crear un espa­cio sin­gu­lar sin arti­fi­cios, capaz de estar a la altu­ra de una coci­na exqui­si­ta y pre­ci­sa. La res­pues­ta fue un dise­ño con­te­ni­do, casi qui­rúr­gi­co, don­de cada deci­sión eli­mi­na rui­do visual para dejar espa­cio a la expe­rien­cia. «En Lavoe no hay deco­ra­ción gra­tui­ta, hay silen­cio, mate­ria­li­dad hones­ta y una atmós­fe­ra que se per­ci­be más con los sen­ti­dos que con la mira­da», des­cri­be Ramón Ban­drés.

La coci­na a la vis­ta, con­ce­bi­da des­de el ini­cio como una idea com­par­ti­da, con­vier­te la téc­ni­ca en espec­tácu­lo y refuer­za la trans­pa­ren­cia radi­cal del pro­yec­to. El comen­sal en lugar de obser­var par­ti­ci­pa, y el redu­ci­do afo­ro no se per­ci­be como limi­ta­ción, sino como un men­sa­je cla­ro de con­trol, inti­mi­dad y cui­da­do extre­mo del deta­lle. Lavoe no se entien­de sin la hue­lla de Ban­drés, des­de la elec­ción de ico­nos ines­pe­ra­dos, como el mural de Julio Igle­sias que inter­pe­la al visi­tan­te, has­ta la for­ma en que el espa­cio eli­mi­na barre­ras entre chef y clien­te. “No es dise­ño para ser foto­gra­fia­do, es dise­ño para ser vivi­do”, afir­ma el inte­rio­ris­ta. La inten­sa tra­yec­to­ria vital de Toni Boix, mar­ca­da por la supera­ción, ha des­per­ta­do inclu­so el inte­rés de Net­flix, que en estos momen­tos rue­da una serie docu­men­tal sobre su his­to­ria y la del res­tau­ran­te. Un rela­to don­de coci­na, amis­tad y dise­ño se entre­la­zan demos­tran­do que, cuan­do el alma pesa más que el pre­su­pues­to, lo peque­ño pue­de vol­ver­se gigan­te.

 

 

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