La firma de manillas Olivari aúna en sus diseños artesanía, creatividad e innovación.
Fundada en 1911 en Borgomanero (provincia de Novara), por Battista Olivari, la empresa nace con una clara vocación industrial. Desde sus inicios, la precisión técnica se convierte en su seña de identidad. Un momento clave en esta primera etapa se produce en 1926, cuando Antonietta Ramelli, esposa del fundador, asume la dirección tras la muerte de Battista. Antonietta se convierte en una figura pionera del emprendimiento femenino en Italia, consolidando el crecimiento de la empresa.
Ya en los años treinta, Olivari inicia una relación fructífera con la arquitectura moderna. Las colaboraciones con Marcello Piacentini y Gio Ponti marcan el comienzo de una manera de entender la manilla no como un accesorio, sino como un componente integral del edificio.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la empresa —entonces bajo la dirección de los hermanos Ernesto, Ambrogio y Luigi Olivari— estrecha vínculos con figuras clave como Franco Albini, Ignazio Gardella, Angelo Mangiarotti o el estudio BBPR. Las manillas diseñadas específicamente para sus proyectos pasan a formar parte del catálogo permanente, un hecho que demuestra la vigencia de estas propuestas.
A partir de los años sesenta, Olivari se abre al diseño industrial contemporáneo, acompañando el nacimiento del diseño made in Italy. La empresa establece colaboraciones estables con diseñadores como Sergio Asti, Luigi Caccia Dominioni, Joe Colombo o Marcello Nizzoli, al tiempo que invierte en nuevas instalaciones productivas y tecnologías de vanguardia. En este contexto nacen dos hitos: el modelo Bica (1959), la primera manilla de aluminio anodizado, y Boma (1970), la primera realizada en resina.
La identidad de la empresa se ha construido, de forma continuada, a partir de una colaboración estrecha con arquitectos y diseñadores de prestigio internacional. El catálogo Olivari reúne nombres fundamentales del diseño y la arquitectura contemporáneos: Vico Magistretti, Alessandro Mendini, Rodolfo Dordoni, Piero Lissoni, Patricia Urquiola, Shigeru Ban, Toyo Ito, Jean Nouvel, Daniel Libeskind, Zaha Hadid, Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron o Vincent Van Duysen, entre muchos otros.
La calidad en Olivari no es únicamente una cuestión de diseño, sino también de cultura del trabajo. La empresa ha sabido preservar un saber hacer transmitido de generación en generación, donde la experiencia artesanal convive con la automatización más avanzada. Uno de los aspectos que distingue a Olivari dentro del panorama internacional es el control de todo el ciclo productivo. Todas las manillas se fabrican íntegramente en los históricos talleres de Borgomanero. El proceso comienza con la forja en caliente del latón —material exclusivo de la firma—, continúa con mecanizados de alta precisión, esmerilado, pulido y tratamientos superficiales, y finaliza con procesos avanzados de galvanizado y recubrimiento PVD. Esta gestión integral garantiza una calidad constante, una durabilidad excepcional y una trazabilidad total del producto.
En 2011, Olivari celebró su centenario con la publicación del volumen «Macchina semplice. Dall’architettura al design», presentado en la Bienal de Arquitectura de Venecia, y con una serie de instalaciones en el Salone del Mobile y la Triennale di Milano, que llegaron a Valencia a través de la ferias Hábitat.
Hoy, más de cien años después de su fundación, Olivari continúa dialogando con la arquitectura contemporánea. En un contexto dominado por la estandarización, la firma italiana demuestra que incluso el gesto más cotidiano —abrir una puerta— puede convertirse en una experiencia arquitectónica cargada de precisión y belleza.
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