DK Veiga materializa el proyecto concebido sobre papel por el fotógrafo de arquitectura Alfonso Calza.
Texto y fotografías: Alfonso Calza
Desde hace años buscaba un lugar donde detener el tiempo. Un espacio capaz de reconciliarme con mis ritmos creativos, con mi forma de mirar el mundo a través de la fotografía y con la necesidad casi física de silencio, de aire puro, de naturaleza. Ese deseo se materializó en una casa situada en plena montaña, un refugio íntimo donde la arquitectura contemporánea convive en armonía con el paisaje y donde cada rincón ha sido concebido para que la inspiración fluya sin esfuerzo.
Este proyecto nació de una idea sencilla pero exigente: construir un hogar que no compitiera con el entorno, sino que lo amplificara. Quería un lugar donde la luz fuera guía, donde el sonido del agua acompañara los días, donde la contemplación fuera un acto cotidiano. Un espacio para trabajar, crear y también para recibir a otros: amigos, músicos, deportistas, viajeros que, como yo, encuentran en la naturaleza una forma de volver a sí mismos.

La colaboración con la empresa constructora DK Veiga fue esencial para convertir ese sueño en una realidad tangible. Fueron múltiples los retos a los que se enfrentaron. Por un lado, transformar, y rehabilitar una preexistencia, y hacerlo en una ubicación con importantes limitaciones de acceso, que supuso un desafío técnico y logístico que el equipo asumió con solvencia, sensibilidad y una profunda comprensión del propósito final.
La casa se distribuye como un recorrido sereno. Las líneas son sobrias, la materialidad es honesta y la arquitectura busca desaparecer para permitir que el paisaje irrumpa en cada estancia. El uso de madera, la piedra y hormigón trabajado con precisión crea una estética contemporánea que dialoga con la rusticidad del entorno sin estridencias.

El agua juega un papel protagonista. Más que un elemento decorativo, es un recurso emocional y paisajístico. Aporta calma, frescura y un ritmo natural que acompasa la vida en la casa. Es también un símbolo: un recordatorio del fluir, del movimiento continuo que define tanto el proceso creativo como la vida en este entorno.
Aquí, el deporte encuentra su terreno perfecto; la música, su eco más puro, simbolizado en un piano de cola que, aunque refugiado en el interior, buscará salir al exterior en los atardeceres estivales. Este hogar es, ante todo, un lienzo vivo. Un lugar para regresar siempre, para crear sin prisa y para compartir instantes de autenticidad con quienes cruzan su umbral.
Gracias a la visión y la dedicación de DK Veiga (Dani y en especial Cristina), este sueño en las alturas se convirtió en un espacio real: una casa en la montaña que respira naturaleza, inspira arte y rinde homenaje al paisaje que la acoge.

Suscríbete a nuestro boletín de noticias
¿Quieres estar al tanto de las últimas noticias? Únete a empresarios, arquitectos, diseñadores y otros profesionales de la industria del diseño que ya reciben el boletín de Tendencias Diseño.
* Respetamos su privacidad, tiene nuestra Política de Privacidad aquí.

