Fran Sil­ves­tre actua­li­za, fusio­nan­do arqui­tec­tu­ra y dise­ño, una masía gerun­den­se, adap­ta­da a las nece­si­da­des actua­les de los nue­vos pro­pie­ta­rios.

 

Foto­gra­fías: Fer­nan­do Gue­rra

El pro­yec­to desa­rro­lla­do por Fran Sil­ves­tre Arqui­tec­tos en la loca­li­dad gerun­den­se de Canet d’Adri, con inte­rio­ris­mo de Alfa­ro Hof­mann, nace pri­me­ro de com­pren­der y des­pués de inter­ve­nir úni­ca­men­te don­de es nece­sa­rio. Situa­do en pleno Serrat de la Cadalt, el encar­go con­sis­te en actua­li­zar una masía que había que­da­do aban­do­na­da, adap­tán­do­la a las nece­si­da­des con­tem­po­rá­neas.

A tra­vés de una tra­di­ción rein­ter­pre­ta­da se man­tie­ne la volu­me­tría y la tipo­lo­gía ori­gi­nal, trans­for­man­do úni­ca­men­te aque­llo que es impres­cin­di­ble. Se ha res­pe­ta­do la dimen­sión de los espa­cios exis­ten­tes, hacien­do coin­ci­dir cada uno de ellos con una par­te del nue­vo pro­gra­ma. Los nue­vos habi­tan­tes deja­ron atrás su vida en Lon­dres para comen­zar una nue­va eta­pa en Giro­na, entre árbo­les, cal­ma y luz.

Dis­tri­bu­ción en tres altu­ras

En la plan­ta de acce­so se ubi­can la coci­na —que incor­po­ra la tri­ple altu­ra del torreón exis­ten­te— y el salón orien­ta­do hacia las vis­tas de la Sie­rra de la Cadalt. En la plan­ta supe­rior se dis­po­nen dos habi­ta­cio­nes, mien­tras que en la plan­ta infe­rior se ha rein­ter­pre­ta­do el anti­guo espa­cio des­ti­na­do a los ani­ma­les como una sala poli­va­len­te. El volu­men adya­cen­te que en su día alber­ga­ba ele­men­tos de labran­za se ha reuti­li­za­do como gara­je y, en su plan­ta supe­rior, se ha dis­pues­to un estu­dio des­de el cual el dise­ña­dor Teren­ce Wood­ga­te diri­ge su tra­ba­jo.

Pues­ta al día de la cons­truc­ción arte­sa­nal

El sis­te­ma cons­truc­ti­vo tra­di­cio­nal en este tipo de masías gerun­den­ses, común en toda la región del Empor­dà, se basa en muros por­tan­tes de pie­dra cali­za de mam­pos­te­ría irre­gu­lar, uni­dos median­te un mor­te­ro de cal aérea. Las esqui­nas, los din­te­les y las jam­bas se eje­cu­ta­ban con silla­res bien labra­dos, que apor­ta­ban pre­ci­sión estruc­tu­ral y esta­bi­li­dad al con­jun­to. En el inte­rior, era habi­tual reves­tir los para­men­tos con un enlu­ci­do de cal y are­na, ter­mi­na­do con una capa de cal apa­ga­da. Este aca­ba­do per­mi­tía faci­li­tar la lim­pie­za y, sobre todo, mejo­rar la lumi­no­si­dad de los espa­cios inte­rio­res.

En la inter­ven­ción actual, tras la recons­truc­ción y repa­ra­ción de los muros por­tan­tes de pie­dra cali­za, se ha incor­po­ra­do una capa de ais­la­mien­to tér­mi­co a base de cor­cho, que garan­ti­za un mejor com­por­ta­mien­to ener­gé­ti­co. Hacia el inte­rior, se ha eje­cu­ta­do una segun­da piel que per­mi­te incre­men­tar la lumi­no­si­dad, mejo­rar las con­di­cio­nes de man­te­ni­mien­to e inte­grar de for­ma dis­cre­ta todas las ins­ta­la­cio­nes nece­sa­rias para el uso con­tem­po­rá­neo de la vivien­da. El pavi­men­to, rea­li­za­do tam­bién en pie­dra cali­za, man­tie­ne la cohe­ren­cia mate­rial de la inter­ven­ción.

Unión entre arqui­tec­tu­ra y dise­ño de pro­duc­to

El inte­rior ha sido con­ce­bi­do como un espa­cio rap­ta­do entre la arqui­tec­tu­ra y el dise­ño de pro­duc­to. En este sen­ti­do, las tomas eléc­tri­cas se enra­san con los para­men­tos, los ele­men­tos cons­truc­ti­vos se tocan en un úni­co pun­to y cada deci­sión bus­ca ser hones­ta con la épo­ca en la que se ha lle­va­do a cabo la inter­ven­ción, gene­ran­do un diá­lo­go pre­ci­so entre lo exis­ten­te y lo con­tem­po­rá­neo.

Efi­cien­cia ener­gé­ti­ca y sos­te­ni­bi­li­dad

La vivien­da es com­ple­ta­men­te inde­pen­dien­te des­de el pun­to de vis­ta ener­gé­ti­co e hídri­co. Gra­cias a la ins­ta­la­ción de pane­les foto­vol­tai­cos con bate­rías y a un sis­te­ma de alji­bes dise­ña­dos espe­cí­fi­ca­men­te, la casa alcan­za un alto gra­do de auto­su­fi­cien­cia. Uno de los alji­bes se tras­for­ma en alber­ca en la que poder refres­car­se. Las hec­tá­reas de terreno que la rodean, algu­nas de ellas cul­ti­va­das, pro­du­cen ali­men­tos más que sufi­cien­tes para cubrir las nece­si­da­des de la pare­ja bri­tá­ni­ca que habi­ta la masía.

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