La oro­gra­fía de la par­ce­la guía el pro­yec­to de arqui­tec­tu­ra para una vivien­da de amplios volú­me­nes dise­ña­da por Ramón Este­ve.

 

Foto­gra­fía: Tudi Soriano, Gui­do Bolog­ni­ni

La vivien­da pro­yec­ta­da por Ramón Este­ve Estu­dio se sitúa en una urba­ni­za­ción con­so­li­da­da, rodea­da de vege­ta­ción fron­do­sa de carác­ter medi­te­rrá­neo, en las pro­xi­mi­da­des de Valen­cia. La par­ce­la cuen­ta con una sima, una cavi­dad en el terreno que hacía que la par­ce­la tuvie­ra un carác­ter muy sin­gu­lar. Esta par­ti­cu­la­ri­dad se con­vir­tió en el ori­gen de la idea de pro­yec­to, para apro­ve­char al máxi­mo la oro­gra­fía, des­ple­gán­do­se sobre dos nive­les y esta­ble­cien­do una rela­ción cons­tan­te con el pai­sa­je.

Con­cep­to espa­cial y dis­tri­bu­ción

El pro­yec­to plan­tea una secuen­cia espa­cial que se des­cu­bre al reco­rrer la vivien­da, don­de una serie de patios inte­rio­res sal­pi­can los espa­cios de luz y vege­ta­ción, espon­jan­do el pro­gra­ma y gene­ran­do rin­co­nes ínti­mos, espa­cios abier­tos y con­tro­la­dos. La casa se abre com­ple­ta­men­te a los dos nive­les del pai­sa­je: en el nivel de calle, se ubi­can las terra­zas prin­ci­pa­les y la zona de pis­ci­na. La gran terra­za del salón conec­ta visual­men­te con el nivel infe­rior, exca­va­do en la roca hora­da­da. Estos dos estra­tos se vin­cu­lan median­te una esca­li­na­ta natu­ral, encla­va­da en la esco­lle­ra, que conec­ta la vivien­da con la par­te más ínti­ma del jar­dín.

Espa­cios de bien­es­tar y cone­xio­nes

En el nivel infe­rior se sitúan las zonas de ocio y bien­es­tar, inclu­yen­do el gim­na­sio, el spa y la sala de cine. Una lámi­na de agua conec­ta visual­men­te la zona de spa con una chi­me­nea exte­rior, refor­zan­do la sen­sa­ción de con­ti­nui­dad entre inte­rior y exte­rior. La vivien­da cuen­ta ade­más con múl­ti­ples terra­zas y rin­co­nes, pen­sa­dos para ser dis­fru­ta­dos duran­te las cua­tro esta­cio­nes, inte­gran­do la vida coti­dia­na con la natu­ra­le­za que la rodea.

En las estan­cias inte­rio­res se cons­ti­tu­yen varias visua­les cru­za­das hacia el exte­rior que esta­ble­cen dife­ren­tes cone­xio­nes con los nive­les de jar­dín, des­de las gran­des aper­tu­ras que enmar­can el pai­sa­je medi­te­rrá­neo has­ta los patios más con­tro­la­dos y domés­ti­cos que ofre­cen espa­cios más ínti­mos y reco­gi­dos.

Mate­ria­li­dad, arte­sa­nía y dise­ño pai­sa­jís­ti­co

La geo­me­tría resul­tan­te se mate­ria­li­za a tra­vés de una serie de muros de pie­dra que mar­can el reco­rri­do y jerar­qui­zan los pla­nos que deli­mi­tan los volú­me­nes. El res­to de la envol­ven­te se plan­tea en hor­mi­gón estruc­tu­ral colo­rea­do en tona­li­da­des tie­rra, que se fun­de con el entorno natu­ral. La plas­ti­ci­dad del exte­rior se com­bi­na con la arte­sa­nía inte­rior, median­te mate­ria­les espe­cial­men­te tra­ba­ja­dos para este pro­yec­to: cerá­mi­ca manual esmal­ta­da en tonos terro­sos com­bi­na­dos con made­ras selec­cio­na­das en tona­li­da­des cáli­das y meta­les en bron­ce que apor­tan sofis­ti­ca­ción y deta­lle.

El pai­sa­jis­mo poten­cia la idea de reco­rri­do, median­te la dis­po­si­ción de ejem­pla­res medi­te­rrá­neos como cala­bre­ses, oli­vos, gra­na­dos y alga­rro­bos, que acom­pa­ñan el tra­yec­to por los dife­ren­tes nive­les del jar­dín, refor­zan­do la inte­gra­ción de la vivien­da con su entorno y el carác­ter úni­co de la par­ce­la.

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