La aero­ter­mia uti­li­za una bom­ba de calor para extraer ener­gía tér­mi­ca del aire exte­rior y tras­la­dar­la al inte­rior de la vivien­da.

¿Sabías que la cale­fac­ción y el agua calien­te con­cen­tran bue­na par­te de la ener­gía que con­su­men los hoga­res espa­ño­les? Según datos euro­peos, la cale­fac­ción repre­sen­ta alre­de­dor del 60% del con­su­mo ener­gé­ti­co resi­den­cial en Espa­ña. Redu­cir ese gas­to pasa pre­ci­sa­men­te por repen­sar los sis­te­mas de pro­duc­ción y gene­ra­ción de ener­gía.

La aero­ter­mia es una de las alter­na­ti­vas que más inte­rés des­pier­ta por­que apro­ve­cha la ener­gía del aire exte­rior para pro­por­cio­nar cale­fac­ción, refri­ge­ra­ción y agua calien­te sani­ta­ria. Su bom­ba de calor pue­de apor­tar varias uni­da­des de ener­gía tér­mi­ca por cada uni­dad de elec­tri­ci­dad con­su­mi­da, lo que per­mi­te redu­cir el gas­to fren­te a otros sis­te­mas, siem­pre que el equi­po esté bien dimen­sio­na­do y adap­ta­do a la vivien­da.

Cómo funciona la aerotermia y de dónde sale el ahorro

La aero­ter­mia uti­li­za una bom­ba de calor para extraer ener­gía tér­mi­ca del aire exte­rior y tras­la­dar­la al inte­rior de la vivien­da. Aun­que nece­si­ta elec­tri­ci­dad para fun­cio­nar, pue­de apor­tar varias uni­da­des de ener­gía tér­mi­ca por cada uni­dad eléc­tri­ca con­su­mi­da.

En este caso, para gene­rar unos 3 kWh de calor, el equi­po pue­de nece­si­tar alre­de­dor de 1 kWh de elec­tri­ci­dad, fren­te a los 3 kWh eléc­tri­cos que con­su­mi­ría un sis­te­ma de cale­fac­ción por resis­ten­cia para pro­du­cir una can­ti­dad de calor equi­va­len­te. Esa capa­ci­dad expli­ca bue­na par­te de su efi­cien­cia fren­te a sis­te­mas que gene­ran calor median­te la com­bus­tión de gas o gasó­leo, aun­que el aho­rro final depen­de de las con­di­cio­nes de uso y de la ins­ta­la­ción.

Otra de sus ven­ta­jas es que per­mi­te cubrir dis­tin­tas nece­si­da­des con un mis­mo equi­po. En invierno pro­por­cio­na cale­fac­ción y agua calien­te sani­ta­ria, mien­tras que algu­nos sis­te­mas tam­bién refri­ge­ran la casa duran­te los meses de verano. Así, es posi­ble redu­cir la depen­den­cia de varios equi­pos inde­pen­dien­tes y sim­pli­fi­car la cli­ma­ti­za­ción de la vivien­da.

El ren­di­mien­to tam­bién depen­de de cómo se dis­tri­bu­ya el calor. La aero­ter­mia obtie­ne su mejor efi­cien­cia con sis­te­mas de baja tem­pe­ra­tu­ra como el sue­lo radian­te, aun­que pue­de com­bi­nar­se con radia­do­res y otros emi­so­res com­pa­ti­bles. Si resi­des en la capi­tal, lo ideal es recu­rrir a pro­fe­sio­na­les y empre­sas espe­cia­li­za­das en la ins­ta­la­ción de aero­ter­mia en Madrid como Auto­con­sun para estu­diar qué solu­ción se ajus­ta a las carac­te­rís­ti­cas de tu hogar.

En pala­bras de Car­los Jimeno, geren­te de la com­pa­ñía: “En Auto­con­sun nos encar­ga­mos de todo: estu­dio pre­vio, ins­ta­la­ción, lega­li­za­ción y man­te­ni­mien­to, sin que ten­gas que tra­tar con inter­me­dia­rios.

Una inversión que también mira al medioambiente

La efi­cien­cia ener­gé­ti­ca tie­ne con­se­cuen­cias tan­to en la eco­no­mía domés­ti­ca como en el impac­to ambien­tal. Al apro­ve­char el calor pre­sen­te en el aire, la aero­ter­mia pue­de redu­cir el con­su­mo de ener­gía y las emi­sio­nes aso­cia­das a la cli­ma­ti­za­ción, sobre todo cuan­do se com­bi­na con elec­tri­ci­dad de ori­gen reno­va­ble. Tam­bién per­mi­te pres­cin­dir de la com­bus­tión de com­bus­ti­bles fósi­les den­tro de la vivien­da.

Eso sí, el cos­te ini­cial sue­le ser supe­rior al de algu­nas alter­na­ti­vas con­ven­cio­na­les. Para valo­rar la inver­sión, hay que tener en cuen­ta el pre­cio del equi­po y de la ins­ta­la­ción, el con­su­mo pre­vis­to, el man­te­ni­mien­to y el aho­rro esti­ma­do a lo lar­go de los años. Las carac­te­rís­ti­cas de cada casa y los pre­cios de la ener­gía influ­yen en el tiem­po nece­sa­rio para recu­pe­rar el des­em­bol­so.

En cuan­to al aho­rro, la cifra depen­de del con­su­mo pre­vio, las tari­fas ener­gé­ti­cas y el ren­di­mien­to de la ins­ta­la­ción. Si toma­mos como refe­ren­cia un aho­rro anual de entre 200 y 500 euros, en diez años supon­dría entre 2.000 y 5.000 euros, sin con­tar posi­bles cam­bios en los pre­cios de la ener­gía ni los cos­tes de man­te­ni­mien­to. Con pla­cas sola­res foto­vol­tai­cas, el aho­rro pue­de ser mayor, ya que una par­te de la elec­tri­ci­dad que nece­si­ta la bom­ba de calor se gene­ra en la pro­pia vivien­da.

El resul­ta­do depen­de­rá de la poten­cia ins­ta­la­da y de cuán­to coin­ci­dan las horas de pro­duc­ción solar con el fun­cio­na­mien­to del equi­po.

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